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22 de marzo de 2011

Gracias Dios

Agradezco a Dios por darme la vida,
agradezco por estos años vividos.

La experiencia adquirida,
la sabiduría que me ha dado,
la dicha de ser madre.

Agradezco el amor de los míos,
tener a mis padres,
los sueños que me ha brindado.

Los mechones de mi pelo plateados,
las arrugas de mi rostro ya marcado.

Nada es lo último ni lo primero,
todo está en el mismo grado,
son las huellas del pasado.

Quiero seguir recorriendo el mundo,
agradeciendo a Dios todo cuanto me a dado.

Agradezco a Dios por permitirme
escribir estas líneas.

19 de junio de 2010

¿Le teme a morir por la eternidad?

¿Le tiene miedo a morir y emprender el viaje a la eternidad?
Cuando Laura abrió los ojos, en medio del bip-bip enloquecedor de monitores en la sala de cirugía, se encontró a boca de jarro con la mirada entre asombrada e incrédula de tres enfermeras, dos médicos y alguien que entró por accidente a preguntar cómo iba la paciente.

Tenía la firme convicción de haber vuelto de la muerte y así se lo confesó a su familia, dos días después, cuando se encontraba en casa. “Sentí que mi cuerpo abandonó el cuerpo y que, en un momento indeterminado, volví en mi, con esa sensación extraña que uno siente cuando un ascensor baja muy rápido del piso más alto del edificio”, explicó.

Una pregunta que asalta a millares de personas: ¿Cuál es la experiencia de quien vuelve al cuerpo después de unos minutos o quizá segundos en el umbral de la muerte?

Hay quienes señalan que al final del túnel, en el aseguran adentrarse cuando se desconectan de la vida, hay un ser especial a quien coinciden en asegurar que es angelical, esperándolos para llevarles a la presencia de Dios.

Otros por su parte indican que vieron personas alrededor del lugar donde se encontraba su cuerpo y, aunque deseaban hablar, no podían.

Pero unos y otros coinciden en un aspecto común: al momento de atravesar esa frontera que les separa de la vida y la muerte, no los ha albergado el temor.

¿Por qué temer a la muerte?

La muerte es un tránsito obligado para todas las personas. Lo más interesante es que no sabemos cuándo ocurrirá; sin embargo, todos debemos estar preparados para enfrentarla.
La Biblia habla de dos lugares: castigo para quienes vivieron sin Dios y sin ley, y vida eterna para quienes tienen a Jesucristo en su corazón. Eso no quiere decir que los cristianos no teman a morir, pero sí que tenemos una esperanza y es que después de cruzar el umbral de la vida hacia el más allá, tenemos al amado Salvador esperando por Su pueblo, que somos usted y yo.
El apóstol Pablo no temía a morir, por su confianza en el Señor Jesús, y en ese convencimiento se atrevió a decir: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Más el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu. Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor.”(2 Corintios 5:1-6)

Hemos de morir, es cierto, pero nuestra confianza está en llegar a Su divina presencia y pasar la eternidad a Su lado. Por eso es esencial que usted reciba a Jesucristo hoy en su corazón. Es la mejor decisión que cualquier persona pudiera tomar. Le invito a abrirle las puertas de su ser… Jamás se arrepentirá…

28 de mayo de 2010

La libertad

Somos sangre en movimiento. Así como el viento es paisaje que anda. En cambio el vegetal se aferra con sus raíces a un trozo de paisaje, y termina por ser parte de él o por darle su nombre al paraje.

Solamente los seres en movimiento son dueños del paisaje en plenitud, como lo son el río, la nube y el viento. Estos no se aferran a lo parcial, a lo que detiene. Entran en diálogo con todas las realidades, pero no se detienen a tomar posesión de ellas. De todas las cosas se llevan un recuerdo, un sonido, una vibración; quizá un poco de luz o de arcilla.

Los seres en movimiento son seres libres y liberadores. Y tratan a todos por igual. Puede ser, sí, que en su movimiento sean desgarrados por las realidades que pretenden detenerlos. Pero esta experiencia no los enemista con las cosas. Porque saben que hasta las cosas quietas, un día se pondrán en movimiento. Porque todo lo que existe está en viaje hacia una meta.

Si lo quieto es posesión, el movimiento es esperanza. Y esperanza de posesión plena donde no existirá ni lo mío ni lo tuyo. Porque allí no habrá dueños. Allí nadie impondrá su nombre a los demás ni al paisaje, porque cada uno tendrá su propio nombre y todos seremos para todos, justamente por ser auténticamente nosotros mismos.

Todo lo que es bello, lo que es noble, lo que es bueno, está en movimiento rumbo a Dios. Porque yo camino hacia allá puedo dejar en libertad a todas estas cosas, sabiendo que con todas ellas me ha de reencontrar a mi llegada. Si me detengo en el camino para poseerlas, quizá ellas me impidan llegar y yo les obstaculice su marcha. Me harán perder mi libertad, por haberlas dominado.

Muchas veces es Dios mismo quien nos lleva a amar profundamente a una persona o a un paisaje, y luego lo separa de nosotros devolviéndolo a su propio misterio. Esa separación puede detenernos en nuestro camino si nos quedamos a llorar su ausencia al borde de nuestra huella. Pero también puede incitarnos a una dolida fidelidad a nuestro propio misterio, que es lo único que nos permitirá un reencuentro más allá de nuestras posesiones.

Cuando somos capaces de renunciar a algo o a alguien, es porque hemos superado la necesidad y llegamos a la frontera del verdadero amor. Amor que nos libera. Entonces podemos empezar a entender lo que es la verdadera libertad, la que nos da el Espíritu.

Jesús nos asegura que convenía que El se fuera. Sólo así vendría a nosotros el Espíritu de libertad que nos hace amigos de Dios. Ya no nos llamará más siervos, sino amigos. Nos ha liberado.
Atahualpa termina así su hermosa canción Cañada Zamora:

"Hoy tu recuerdo es mi amigoy en esta zamba se agranda;tú fuiste quien me enseñasteque el hombre es paisaje que anda.

Yo sé que un mismo destinolleva el fin de nuestro viaje;que cuando el hombre sea libreno tendrá dueño el paisaje".